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Y llegas Tú…

Sábado, 22 de Diciembre de 2007

…y nos recuerdas que tu poder se manifiesta en lo débil,
que has elegido vivir en nuestro corazón,
que tu sueño es que lleguemos a mirar como Tú nos miras…


Vía “Lo esencial es invisible a los ojos” (blog de Carlos Herrera)


Marana tha.

Hay ángeles entre nosotros

Viernes, 30 de Noviembre de 2007

basurero1.jpgLos niños del basurero de Cobán viven entre un mar de desechos y silencio.

Los niños del basurero de Cobán se levantan temprano. Apenas tienen que recorrer unos metros, que dar unos pasos, que bajar una cuesta, para alcanzar, abriéndose paso entre las moscas y los zopilotes, las montañas de lo que otros no quisieron. En ellas encontrarán, tal vez, algo para vestirse. En ellas encontrarán, quién sabe, incluso algo para comer.

Los niños del basurero de Cobán son ágiles y vivarachos. La vida los obligó a crecer deprisa. Por eso, cuando, a cualquier hora de la jornada, comienza a adivinarse a lo lejos la voz rasgada con la que aturden basurero2.jpglos tubos de escape de las camionetas que se acercan a depositar los vertidos, ellos echan a correr a su encuentro sin perder ni un segundo. Entonces comienza la escena que día tras día se repite aquí de espaldas al mundo: sin esperar a que se el vehículo se detenga, los pequeños se encaramarán por sus laterales para comenzar a revolver entre la carga. Cada lata o cada botella que consigan ahora se convertirá después, junto a la balanza, en unos pocos quetzales. Junto a esa balanza, antaño emblema de la justicia, que hoy pende inerte a un lado del vertedero como doloroso recuerdo del olvido y la indiferencia.

Los niños del basurero de Cobán rasgan en dos mi corazón. Y yo, que había viajado a Guatemala a encontrarme con los últimos, a dejarme transformar por ellos; y yo, que había cruzado el Atlántico con el deseo de no querer hacer sin dejarme hacer… me basurero3.jpgderrumbo mientras contemplo cómo nuestros desechos caen sobre sus rostros inocentes; mientras experimento con profundo dolor que, en realidad, me separa de ellos un muro (de privilegios, a este lado; de negación, al suyo) que nunca podré traspasar. Un muro que nos aleja, que limita nuestro abrazo, que me impide comprender. Un muro que podemos intuir y racionalizar desde la distancia, pero que cae como una losa sobre el corazón cuando aparece enfrente, desvelando y ocultando al mismo tiempo la realidad desnuda. Un muro levantado con ladrillos de injusticia…


Pero los niños del basurero de Cobán sonríen cuando, cada mañana, abre sus puertas el pequeño barracón que, pintado de mil colores, se levantó hace no mucho en medio de sus casas. Su escuelita. A ella van llegando con cuentagotas algunos días, en tropel otros.basurero4.jpg Sobre las estanterías encontrarán sus cuadernos, papel blanco con mucho futuro por escribir. Hay quienes ya dibujan las letras y quienes están aprendiendo a agarrar el lápiz, quienes todavía no se saben los colores y quienes te piden a gritos que les pongas más sumas. Alguno de los mayores se atreve incluso con las reglas de tres. Y uno no puede pedir ni puntualidad ni silencio, ni fidelidad ni orden. Se siente tentado, más bien, a permitir que estalle la vida entre esas cuatro paredes de block donde el vertedero que nos rodea parece más lejano que nunca, donde todavía es posible construir la esperanza para una generación que ya no debe vivir postrada.

basurero5.jpgLos niños del basurero de Cobán barren la escuelita y te ayudan a recoger las tazas después de recibir su desayuno. Mantener una pequeña (pero constante) presencia a través de las clases matutinas y de las comidas que se sirven a todo aquel que lo necesite ha permitido a Comunidad Esperanza ir ganándose poco a poco la confianza de las familias que viven en tan difíciles condiciones. Ese acercamiento ha sido clave para conseguir que muchos de los pequeños hayan sido escolarizados o se hayan incorporado a los programas de alfabetización. Cada letra nueva que se aprende entre los ladrillos coloreados del barracón del vertedero se convierte entonces en un paso al frente hacia un mañana más justo, hacia un porvenir de verdadera esperanza… hacia una vida en sus manos, en las mismas que un día dejaron durante dos horas de revolver entre la basura para tomar un lápiz y dibujar el futuro.

Los niños del basurero de Cobán encuentran en todo un tesoro. Con su imaginación convierten los desechos más inútiles en potentes bólidos con los que deslizarse por las rampas del lugar o en elegantes cometas para los días de viento. El pequeño Ãngel, por su parte, me muestra con orgullo e ilusión una canica que le convierte en rico, que me hace pobre a sus ojos. El pequeño Ãngel que vive entre un mar de desechos y basurero6.jpgsilencio, que echa a correr tras el rugir de las camionetas de la basura, que rebusca entre las montañas de lo que otros no quisieron, que ve caer la inmundicia sobre su rostro.

El pequeño Ãngel que, sin embargo, ya ha aprendido a agarrar el lápiz y a dibujar la a, que todos los días nos ayuda a recoger las tazas del desayuno, que en lo pequeño descubre maravillas, que sonríe al recordarnos que él tiene una canica, que camina (sin saberlo) hacia un mañana con el que merece la pena soñar. Y así, de alguna forma, hace caer el muro que nos separa. Como cuando me abraza. Como cuando cada uno de esos pequeños niños de Dios me abrazan.

En verdad, hay ángeles entre nosotros.

» Vasijas antiguas…
Entre el esfuerzo y la esperanza

Vuela…

Lunes, 10 de Septiembre de 2007

barracon.jpgSeis semanas de misión en Guatemala, seis semanas viviendo con el corazón rasgado entre las sonrisas perennes de quienes han visto rasgado su vivir, seis semanas al lado de aquellos que lo dejan todo por servir a sus hermanos con entrega infinita, seis semanas dejándonos empapar por el amor de un Dios que se manifiesta en lo sencillo y en los sencillos…

Seis semanas para llenarnos de vida, condensadas en veinte minutos de imágenes, música, miradas y esperanza; en una presentación que ojalá pueda hablar más claro que mis palabras…

…y describir lo que para mí es casi indescriptible: la felicidad que rebosa de cada recuerdo, la que ahora nos sentimos llamados a compartir a manos llenas.


SEIS SEMANAS EN COMUNIDAD ESPERANZA :: VUELA…
(la presentación avanza sola al ritmo de la música, así que simplemente siéntate y disfruta)

Entre el esfuerzo y la esperanza

Lunes, 3 de Septiembre de 2007

Regreso de Guatemala y este mundo que era el mío aparece ante mis ojos un poco más ajeno. Un contraste infinito salvado en pocas horas por dos viajes en avión que no permiten transiciones suaves: los paisajes cambian a velocidad vertiginosa y la realidad muda su rostro sin que uno llegue a entender cómo es posible que pueda mostrarnos dos caras tan distintas.

Y tu cuerpo llega. Pero, de alguna manera, todavía no el corazón. Porque…

comunidad_esperanza.jpg

…hay un lugar en el mundo, en Cobán, en el barrio de El Esfuerzo, de camino hacia la colonia de La Esperanza, en que se sueña con un futuro distinto. Donde el inconformismo vence a la resignación para hacer el Evangelio carne entre los olvidados y los que sufren. Donde la utopía se transforma en quizá y el tal vez se hace posible. Donde las manos se hunden en la tierra y tocan el barro para modelar un mañana sin últimos. Donde el milagro acontece en silencio, y se convierte en bosque que crece discreto y pasa desapercibido, mientras unos pocos árboles hacen en nuestros telediarios tanto ruido al caer…

amalia.jpgHay un lugar en el mundo donde se tiene fe en la educación y en la confianza como motores de un mundo más justo y digno para todos. Donde se cree a ciegas en las semillas de Dios que cada persona, sin excepción, lleva dentro. Donde esas semillas son regadas con cariño, cuidadas con ternura, alimentadas desde el corazón… para que de ellas puedan surgir brotes de ilusión, árboles que den algún día fruto abundante. Donde cada niño, cada joven, es un regalo que se convierte en testimonio de que Él no abandonará jamás su esperanza en nosotros.

Hay un lugar en el mundo donde adolescentes sin remedio, traicionados por la vida, abusados en cuerpo y alma, portadores de una inocencia rasgada por el dolor, te enseñan desde la raíz, con autenticidad y sin artificios, que merece la pena creer en tus sueños, que todos somos capaces de salir adelante y enlacalle.jpgempezar de nuevo, que la fe basta para impulsarnos hacia una vida feliz y plena, que para todo y para todos hay un porqué. Y entonces, cuando te brindan su cariño a manos llenas, cuando ponen en tus manos con entrega infinita su sufrir y su esperar, cuando consiguen arrancarte lágrimas de emoción y palabras de verdadero amor… entiendes tu pequeñez y recuerdas que viniste, antes que a hacer, a dejarte hacer.

Hay un lugar en el mundo donde se trabaja en la brecha que todos ignoran, en el vertedero del olvido al que son arrojados quienes no parecen tener espacio en este mundo aún tan injusto. Donde cada uno de los que allá viven tiene un nombre por el que otros no le llaman, una historia que no interesa a los de la mayoría silenciosa, un futuro en el que unos pocos sí creen. basurero.jpgDonde todos son mirados, y mirados con ternura. En pie de igualdad. E invitados a sumarse a la lucha por un vivir digno, amable y feliz desde un barracón pintado de colores donde algunos aprenden a agarrar el lápiz y otros ya resuelven reglas de tres. Y, sobre todo, sonríen.

Hay un lugar en el mundo que no da la espalda a sus hermanos cuando azota la tragedia, que tampoco lo hizo cuando las graves inundaciones de las que fuimos testigos a mediados de agosto llenaron de sufrimiento las calles de El Esfuerzo y La Esperanza. Una comunidad que no dudó ni un instante en derramar todas sus fuerzas para que nadie corriese peligro y todos pudieran ser atendidos. Que, junto al resto de la Iglesia y de las iglesias, se puso a la vanguardia del trabajo cuando las autoridades apenas habían reaccionado. angel.jpgQue abrió sus puertas de par en par para acoger bajo su techo y en su corazón a quienes todo lo habían perdido bajo el agua y el barro. Que intentó dar sentido a la victoria de la vida sobre la destrucción, del ser sobre el tener, del presente sobre el pasado, de la esperanza sobre la desolación.

Hay un lugar en el mundo donde se está construyendo la Ciudad de la Esperanza, un sueño para los que sueñan; un espacio donde muchos que hoy son excluidos podrán mañana aprender, crecer, desarrollarse, sentir el cariño, construir su futuro, llegar a ser quienes están llamados a ser. Mucho más que una escuela, una granja, un hogar, unas pistas deportivas o un instituto: un faro de luz que alumbrará, desde el hermoso monte donde ya echan raíces sus primeros cimientos, el caminar y el vivir de un barrio y una ciudad a los que traerá un amanecer nuevo. Iluminado desde el amor y el servicio.

richi-alex.jpgHay un lugar en el mundo donde el mañana siempre es mejor. Donde el mañana tiene sentido. Porque hoy, porque todos los días, las semillas de Dios que brotan en cada pequeño, en cada joven, en cada mirada, renuevan su razón de ser.

En verdad, hay muchos lugares así en el mundo. Pero el que ha robado nuestro corazón, el de mi hermano Richi y el mío, el de tantos voluntarios con los que hemos compartido sueños, se llama Comunidad Esperanza. Y está en Cobán, Guatemala. En el barrio de El Esfuerzo, de camino hacia la colonia de La Esperanza.

Entre el esfuerzo y la esperanza.

Al encuentro de Dios en sus preferidos

Jueves, 19 de Julio de 2007

manos.jpgEn pocas horas vuelo hacia Guatemala, país que nos acogerá a mi hermano Richi y a mí en un abrazo cálido y tierno hasta fines de agosto.

Muchos me preguntan cuál va a ser mi misión allá, desean saber cómo vamos a trabajar con los niños y las mujeres del basurero de Cobán, e incluso nos consideran valientes por emprender esta pequeña peregrinación hacia esa Ciudad de la Esperanza que el Padre Sergio Godoy comenzó a soñar hace unos pocos años. Y yo en ese momento me siento pequeño, torpe, inútil. Un sencillo instrumento en Sus manos. Y pienso, más que en aquello que voy a hacer (prácticamente nada), en aquello que los preferidos de Dios van a hacer en mí. Porque, en el fondo, ése y solo ese es el motivo de nuestro viaje: ir al encuentro de los últimos, anhelar vivir con ellos… para que nuestra vida pueda ser transformada por quienes son el rostro más sincero del Padre en la tierra.

Señor, ayúdame a dejarme hacer,
a permitir que tu amor en el rostro del pobre
llene mi corazón de piedra
y lo haga latir al ritmo de tu Evangelio.

A donde Tú me lleves, siempre. En Ti confío.

Se encienden las estrellas

Miércoles, 18 de Julio de 2007

Dedicado a las ciento seis estrellas que han formado la constelación de un campamento inolvidable. Que su brillar permanezca y anhele siempre ser reflejo sobre la tierra de la luz del Cielo…


El polvo que forma tu cuerpo
es el mismo que el de esas perlas
que en la oscuridad se encienden…
¡y es que estás hecho de estrellas!

arlet.jpg¡Sí, es verdad! ¿Te lo crees? Tú estás hecha, tú estás hecho… ¡de estrellas! Porque la materia más esencial con la que tu ser fue modelado es la misma que sirvió a Dios para crear los astros del cielo. Porque en tu corazón crepita un fuego que arde gracias a los pequeños fueguitos que las estrellas de tu vida han ido encendiendo en ti. Porque con ellas vas formando constelaciones allá donde pasas… Pero, sobre todo, porque te has convertido en luz que guía mi camino y brújula que en el cielo orienta mis pasos. Tú, mi estrella.

acherito.jpgTú, mi estrella, cuando has confiado en las personas, hechas de colores, distintas, diversas, especiales, únicas… y has sabido valorar de cada una cada matiz, cada tonalidad, cada brochazo de vida. Tú, mi estrella, cuando has sentido el peso de la mochila sobre tus hombros (el de nuestras comodidades y nuestras necesidades artificiales) y lo has cargado con entereza. Tú, mi estrella, cuando has convertido el azote del viento en suave susurro, el cansancio de tus pies en camino hacia la cueva de la aventura. Tú, mi estrella, cuando has ascendido al collado de Arlet entre cantos, risas y gritos de apoyo a quien no sentía tus mismas fuerzas. Tú, mi estrella, cuando has apretado tu mano contra la mía mientras sentías que tu cuerpo decía «basta» y a tu corazón le costaba responder «¡adelante!», cuando nada parecía precioso y todo el esfuerzo dejaba de tener sentido. Tú, mi estrella, cuando has alcanzado la meta que intuías lejana, la cumbre a la que nunca pensaste que podrías llegar… y has mirado con ojos nuevos las lágrimas de los que ya quedaron viejos. Tú, mi estrella, cuando has descubierto la estrella que hay en ti.

en-el-rio.jpgY tú, mi estrella, cuando en una pequeña comunidad de desconocidos has apostado por abrir de par en par con infinita generosidad las puertas de tu corazón… y te has dado cuenta de cómo tus miedos se disipaban y, a cambio, recibías el ciento por uno. Tú, mi estrella, cuando no te ha asustado ponerte de frente a tu espejo, encarar la soledad, entrar dentro de ti mientras la majestuosidad de los Pirineos te contemplaba. Tú, mi estrella, cuando has servido a los otros sin importante quién no lo había hecho todavía o cuántas veces te había tocado antes. Tú, mi estrella, cuando has cantado a Guinomai, cuando te has emocionado en medio del abrazo de cien hermanos, cuando de verdad has sentido que somos una familia que sueña llegar a ser Iglesia. Y Humanidad fraterna. Porque sin la estrella del otro nuestro fuego se apaga.

Tú, mi estrella, cuando has dejado r-astro de Dios. Cuando has sido rostro de Jesús en la tierra.

Tú, mi estrella.

En las risas y en el llanto, en los gritos y en el silencio, en el acierto y en el error, en la mirada y en la palabra, en los abrazos y en el cariño, en la belleza del ibón y en la aridez de la subida escarpada, en la soledad y en la fiesta, en tu grupo y en Guinomai.

En Oza ayer mirábamos al firmamento y en verdad anhelábamos rozar con nuestros dedos las estrellas, acercarnos a su luz, elevarnos juntos hasta lo alto…

julia-nuria.jpg


Buscando alguna luz
que te pueda orientar…
¡mirarás el suelo estrellado
que ilumina tu ciudad!

Y ahora, de vuelta a casa, ¿te enfadarás conmigo si te digo que ni las risas ni el llanto, ni los gritos ni el silencio, ni el acierto ni el error, ni la mirada ni la palabra, ni los abrazos ni el cariño, ni la belleza del ibón ni la aridez de la subida escarpada, beso.jpgni la soledad ni la fiesta, ni tan siquiera tu grupo o Guinomai… fueron lo más importante de este campamento inolvidable?

Lo más importante del campamento… empieza hoy.

En tu vida. En tu hogar. En el cole. En el día a día. En este mundo de farolas y agujeros negros que debe llenarse de nacidos con estrella. Con tu familia. Con los Guinomai. Con tu gente. Con los que no son tu gente. Con los que sufren. Con los que necesitan la luz de tu estrella. Con los que Dios pone en tu camino para que puedas alumbrar, siquiera un poquito, sus pasos.

En Oza ayer mirábamos al firmamento y en verdad anhelábamos rozar con nuestros dedos las estrellas, acercarnos a su luz, elevarnos juntos hasta lo alto…hechos-de-estrellas.jpg Pero hoy es el buen Dios quien nos mira desde lo alto y contempla con amor infinito un milagro del amor. Y es que una nueva constelación se ha formado sobre la tierra, desde Vitoria hasta Almería, desde Zaragoza hasta Valencia (y Burxa, cómo no). Una constelación que brilla con humilde pero decidida intensidad. Una constelación que no quiere dejar de ser reflejo de las estrellas en nuestro mundo imperfecto, para que el Cielo (donde reinan el amor, la paz, la justicia) pueda quedar un poco más cerca de nuestras manos.

Y entonces ya no hacen falta las farolas.

Basta con tu estrella.

Enciéndela sin miedo. Brilla. Eres tú.




«Hechos de estrellas» (himno del Campamento Guinomai Oza 2007)
Compuesto e interpretado por Pablo Viosca Tornero

Educar en las estrellas

Lunes, 2 de Julio de 2007

estrellas.jpgEn pocas horas, más de quinientos adolescentes llegados desde muy diversos lugares se reunirán en un rinconcito del Valle de Hecho (en el Pirineo oscense) para vivir un campamento repleto de estrellas. De las que tapizarán la bóveda celeste durante las mágicas noches y de las que anhelarán ser espejo sobre la tierra de ese mar de luz. Ellos. Porque vamos a recordar que estamos hechos de estrellas; que el polvo que forma nuestro cuerpo es el mismo que el de las perlas que iluminan el cosmos; que lo que somos es herencia de la luz que otras muchísimas estrellas han ido dejando en nosotros; que estamos llamados a hacernos espejo en lo terreno del Reino de los Cielos, siendo «la sal de la tierra y la luz del mundo». Poder ser testigo de este pequeño gran milagro, tener el privilegio de acompañar a tan hermosa constelación en este nuevo paso del camino… es para mí un regalo inigualable.

chamis-donosti.jpgPorque en verdad poder educar es un regalo inigualable. Aunque muchos se echen las manos a la cabeza con esta juventud de hoy en día, que también es la mía. Aunque en las noticias sean mayoría los vencidos por la dificultad, y minoría los muchos que sueñan y creen en la estrella que todo pequeño lleva dentro. Aunque cada vez resulte un poco más extraña esta invitación que algunos hacemos a vivir la fiesta de Jesús, la barra libre del amor auténtico y encarnado. Porque hoy, como siempre, el adolescente busca, se pregunta, sueña, espera, tiene miedo, tiene esperanza, no entiende, cree que entiende, entiende, necesita cariño, anhela sentirse querido, no se conforma con el menú barato, quiere amar y amar sin medida. Aunque a veces parezca lo contrario. Para eso se inventó la adolescencia. Ellos también están hechos de estrellas. Son, es más, estrellas a punto de estallar.

chamis-gorros.jpgDesde hace cuatro años, trabajo con adolescentes en Chamis, un grupo de fe y tiempo libre que me come la vida y me llena la vida. Es curioso el sistema celestial de inversiones, con ese tipo de interés al «ciento por uno» que no se mueve desde hace más de dos mil años.

A lo largo del curso que termina, treinta chavales de quince años, y cuatro monitores compañeros, amigos y hermanos, han sido mi pequeña constelación de estrellas. En la presentación que os dejo a continuación como regalo de despedida ha quedado atrapada, espero, un poquito de su inmensa luz…


GENERACIÓN DEL 91 :: CURSO 2006-2007

Para educar, uno tiene que llevar en el alma un poco de marino, un poco de pirata, un poco de poeta… y un kilo y medio de paciencia concentrada; soñar que ese navío llevará nuestra carga de palabras, hacia puertos distantes, hacia islas lejanas…

Con un mar de estrellas como mejor guía.

Cien metros, dos minutos

Domingo, 10 de Junio de 2007

guitarra.jpgIba caminando por el parque y el son de tu guitarra acompañó durante cien metros mis pasos. Era ya de noche, tú estabas escondido entre las enredaderas del recoleto jardín que quedaba al borde del camino y, sencillamente, tocabas. Sin nadie a tu alrededor que aparentemente pudiera escucharte. Quizá sin mayor pretensión que la de lanzar tus notas al viento, para que algún desconocido pudiera acogerlas dentro de sí. Yo lo hice. Te arrancabas por Albéniz y tu punteo llenaba de vida esos cien metros de paseo, esos dos minutos que transcurrían por la Avenida de los Bearneses entre tu guitarra y la luz de la luna, entre la serena paz que se respiraba y tu música, que la volvía aún más encantadora.

Hay personas que, sin saberlo, consiguen iluminar y convertir en un milagro los pequeños trayectos de nuestro peregrinar por el mundo. Esos cien metros, esos dos minutos, en los que se hacen presentes, nos regalan lo mejor que tienen dentro y se van con la misma naturalidad con la que vinieron.

El valiente que se atreve a iniciar una conversación en los tímidos y silenciosos ascensores de nuestras facultades. La bibliotecaria que me guiña el ojo y me sonríe cada vez que devuelvo tarde un libro y evito por los pelos una sanción. El músico ambulante que acaricia su violín con mimo en medio de las prisas y la indiferencia. El profesor que pregunta a sus alumnos por sus expectativas, sus ilusiones, sus proyectos de futuro… y no solo por la lección del día anterior. Los ancianos que se detienen en los jardines a empaparse del aroma de las flores en primavera. La vendedora del mercado que conoce a cada cliente por su nombre y luce una sonrisa de oreja a oreja a pesar de que llevafarola.jpg trabajando desde la madrugada. El amigo lejano que pierde (¿o gana?) su tiempo para escribirme una carta cariñosa.

Hoy son mis héroes.

Iba caminando por el parque y el son de tu guitarra acompañó durante cien metros mis pasos. Era ya de noche; las farolas iluminaban la preciosa avenida y entretejían su luz con las hojas de los plátanos. Regalaban su luz. Una luz limitada, sí. Una luz que quizá no sea capaz de alumbrar más allá de cien metros de calle o de dos minutos de paseo. Una luz como la tuya, desconocido guitarrista del jardín. Como la de cada uno de mis pequeños héroes de hoy. Como las nuestras. Como la mía, ojalá.

Pero una luz que, abrazada a otra luz y a otra y a otra… es capaz de encender este mundo, de llenarlo de calor, de vencer a la oscuridad, de convertir la vida en un milagro constante.

¿Crecemos?

Miércoles, 6 de Junio de 2007

desarrollo-o-cancer.jpg

Vivir en paraísos de hormigón. Tener que apagar las farolas para que puedan encenderse las estrellas. Sentirnos obligados a renunciar a los sueños que no caben en la horma de convencionalismos artificiales. Caminar por la vida con miedo a que alguien nos quite lo que hemos acumulado. No saber muy bien para qué lo hemos acumulado. Torcer la mirada cuando el necesitado clava en nuestros ojos la suya. Renunciar a entender que nuestro Norte opulento se construye sobre los esfuerzos de un Sur. Olvidar que hay Sur en nuestro Norte, debajo del puente y sin salir de tu barrio. Recordarlo y contemplar a quienes sufren la injusticia con una mueca de condescendencia o como un mero deber ético. No reconocer el rostro de Dios y la fuente de su amor en quienes son sus preferidos. Creer que tú y yo no podemos hacer nada.

Los pequeños cánceres cotidianos de este Norte que, dicen los que saben de economía, sigue creciendo a buen ritmo.

Cuidado con la metástasis del bienestar. Puede provocar indiferencia.

El Amor en un lugar invisible

Domingo, 20 de Mayo de 2007

santacruz.jpgLa escena nos sorprende a las afueras de un pueblecito cualquiera de Orense, una tarde cualquiera de julio. Estamos acompañando a personas con discapacidades psíquicas muy profundas. Nos están acompañando personas con discapacidades psíquicas muy profundas.

Llega el momento de ayudarlos a comer. La habitación es un ir y venir de aullidos imprevistos y silencios ensordecedores. Cuando entramos por primera vez, mi amiga se preguntaba y me preguntaba descorazonada qué sentido podía tener la vida de aquellos hermanos nuestros.

Nos acercamos a ayudar a uno de los residentes. Pongamos que se llama Josiño. Siempre sonríe, pero no puede evitar mover con mucha violencia su mano derecha, por lo que resulta complicado acercarle la cuchara a la boca. Su compañero –pongamos que se llama Manoliño– lo mira de lejos, pendiente, atento. A Manoliño le gusta que lo saquen a dar paseos y no se deja ganar a las cartas… a no ser que su rival sea una dama. Todo un galán.
manos.pngHoy Josiño está más nervioso; nos cuesta darle de comer. Manoliño, que nos ve desde el otro lado de la mesa, mueve rápidamente su silla hasta donde estamos nosotros, mira fíjamente a Josiño y toma con fuerza su mano. Luego, nos viene a decir con su mirada y con su sonrisa: «Yo os ayudo; intentadlo ahora». Gracias a su colaboración conseguimos terminar el plato.

Cuando ya se acerca el postre, a Josiño se le resbala una de sus sandalias. Manoliño, que sabe cómo cuidar a quien ha sido su compañero de habitación desde hace años, hace un esfuerzo ímprobo para alcanzar desde la silla la sandalia y volverla a colocar en el pie de su amigo. Josiño sonríe de nuevo y acerca su mano al rostro del príncipe azul más auténtico que jamás haya visto. Y lo acaricia con ternura infinita.

Mi amiga y yo nos miramos.

Y comprendemos. Y nos rompemos.

Muchos creyeron que habíamos viajado hasta Orense para ayudar.

Y, al final, ¿quién ayudó a quién?

El árbol de Tagore

Jueves, 17 de Mayo de 2007

El hacha del leñador le pidió al árbol su mango.
Y el árbol se lo dio.

RABINDRANATH TAGORE, Pájaros perdidos

arbol.JPGEste breve, pero intenso, aforismo de Tagore me acompaña y me da luz desde hace ya muchos años. Qué sugerentes, qué potentes, con cuánta fuerza suenan siempre los versos del poeta bengalí. Tal vez porque huyen de las complicaciones y, teniendo mucho que decirnos, saben decirlo sencillo: con el lenguaje de las flores, del viento, de los bosques, del mar…

Son palabras que parecen rozar, pero que tocan bien adentro. Que se presentan humildes y llanas, pero que siempre te permiten seguir extrayendo de ellas nuevos jugos, nuevas historias, nuevas vidas… cada vez que pasan de nuevo ante tu mirada.

Este árbol insensato nos desconcierta. ¿Para qué le devuelve al hacha su mango? Sin él, la cuchilla no se basta, el hacha está incompleta, no puede ser ella misma, no puede talarlo. ¿No se da cuenta de que, con el mango, quizá esté entregando también su vida?

Entregando su vida, perdiéndola, para que el hacha pueda ser lo que está llamada a ser.

Muriendo… ¿o salvándose?

Hubo una vez una cruz. Quizá sacaron sus leños de aquel árbol insensato de Tagore…