Un año y un dÃa
Jueves, 15 de Mayo de 2008
Siempre estás tú escanciándome, llenándome este vaso de barro, hasta arriba, con el fresco brebaje de tu vino multicolor, de mil aromas. (…)
No, nunca cerraré las puertas de mis sentidos. (…)
Todas mis ilusiones arderán en fiesta de alegrÃa, y todos mis deseos madurarán en frutos de amor.RABINDRANATH TAGORE, Gitanjali
Hace algunas semanas leÃa a un amigo que ha leÃdo a Roger Bartra. No sabÃa que Roger Bartra fuese un importante antropólogo. Pero eso no importa.
Roger Bartra dice en uno de sus libros que cierta variedad de aves necesita del contacto constante con otros miembros de la misma especie para poder mantener la calidad de su canto. Se ha demostrado que, si aislamos a un ejemplar cualquiera y le impedimos que escuche a sus compañeros, sus melodÃas irán desafinándose progresivamente. E, incluso, existe la posibilidad de que al cabo de un tiempo acabe olvidando cómo cantar. Es la escucha a los otros lo que permite a cada pájaro de tan peculiar especie seguir creando su música y regalándola al bosque. Sin el eco de quienes están a su lado, terminan quedándose mudos.
Hoy te confieso que, escribiendo en este pequeño rincón, me siento muchas veces pájaro a la busca de ecos con los que recordar la belleza del canto. Porque este compartir lanzando palabras al viento no tendrÃa ningún sentido sin las que llegan de regreso, haciendo escala en tu corazón. Son muchas las huellas que encuentro tras cada mensaje y, recorriendo conmigo la silueta de cada una con las yemas de los dedos, me dejas intuir, siquiera un poquito, cómo ha podido resonar
en ti (de qué forma única y especial) lo que, tan torpemente y desde tantas pobrezas, me he atrevido a contarte. Pero, sobre todo, son incontables las veces en que tu respuesta (tu abrirte sincero y generoso), me ha ayudado a llenar de sentidos nuevos, de vida abundante, lo que ya empezaba a fosilizar entre lÃneas más o menos bonitas; bajo la coraza que inevitablemente hacen crecer algunos miedos, no pocos complejos y nuestras siempre engañosas vanidades. AsÃ, las palabras han conseguido convertirse en abrazo sentido, a pesar de la distancia y, en muchos casos, también del desconocimiento. Y nos han unido de una forma misteriosa que no deja de asombrarme y de modelar en mà una profunda alegrÃa.
Por todo ello, querida lectora, querido lector, quiero decirte desde bien adentro, donde se obra el milagro: GRACIAS.

Hoy hace un año y un dÃa que escribà por primera vez en este blog. Y siempre has estado Tú, llenándome este vaso de barro de mil aromas; trayendo a beber de él a tantos pájaros que combaten mi olvido con su canto; invitándome (invitándonos) a modelarlo con la fuerza de nuestros deseos, que han de madurar en frutos de amor para este mundo que los anhela.

Correo
Buscar
Dos amigos muy queridos pensaron en mà estas últimas semanas al encontrarse, ella con una canción, él con un texto, lanzados al vuelo con el mismo impulso del que intenté contagiarme cuando puse en marcha este pequeño rincón de la red. Y quisieron regalármelos. Para invitarme, para invitarnos, una vez más a ser barro húmedo en manos del Alfarero: a dejarnos modelar por ese amor que todo lo sobrepasa, abandonados a él con plena confianza.
» Hoy recuerdo…
Hoy incorporo una novedad a esta vasija a la que poco a poco vamos dando forma. El blog cuenta desde ahora con una herramienta muy sencillita que permite a cualquier lector conocer cuándo ha sido actualizado con una nueva entrada sin que tenga que estar visitándolo regularmente. Se trata de un sistema de suscripciones que envÃa automáticamente, cada vez que publico un mensaje, una alerta a las direcciones de correo electrónico que asà lo hayan requerido. En
esperanza del quizás. En tu vida y en la mÃa, mientras algún árbol que otro provoca un gran estruendo al caer, hay bosques enteros creciendo en silencio.
Hoy más que nunca me siento barro en Tus manos. Las que tapan las grietas de mi vasija imperfecta. Las que me toman de la mÃa para caminar por el sendero de la verdadera alegrÃa. Las que enderezan mis renglones torcidos. Las que construyen sueños más grandes que los que yo alcanzo a esperar para mÃ. Las que me agitan y remueven mis esquemas. Las que hacen sonar melodÃas de esperanza sobre el ruido de la desolación. Las que me piden ayuda para trabajar sobre el fango de un mundo lleno de injusticia. Las que me acarician y me hacen sentirme amado en mi debilidad.